La Biblia desde abajo
El evangelismo y la ultraderecha en Brasil… y en otros sitos

“ Hay situaciones en las que, para seguir siendo humanos, debemos abandonar las vacilaciones y tomar partido. Hay conflictos en los que no es justo permanecer neutrales y no basta pensar en“no ser cómplices”.
León XIV: “Magnifica Humanitas “ 216.
La campaña electoral en Brasil ha tenido un contenido religioso muy marcado. El candidato de la extrema derecha, Flavio Bolsonaro, ha aparecido en repetidas ocasiones declamando textos bíblicos, y ha citado en repetidas ocasiones: “O Brasil é do Senhor Jesus Cristo”. A lo largo de la campaña electoral ha aparecido en repetidas ocasiones delante del jefe de la Iglesia Pentecostal, Edir Macedo, en una de las cuales se arrodilla para recibir la bendición de cara a la campaña electoral. Da la “curiosa” coincidencia de que Edir Macedo es también dueño de uno de los principales grupos de comunicación, el grupo “RECORD”, con una audiencia potencial de 200 millones de personas. No hace falta mencionar el impacto de un medio así en una campaña electoral.
Pero, aparte de los datos sociológicos (En Brasil la afiliación evangélica supone casi un 30% de la población) uno se puede preguntar qué aporta el evangelismo (pentecostalismo en este caso, para ser más precisos), a la campaña electoral.
Suena a genérico, pero el evangelismo y cualquier religión aporta un sentido a la propia vida. Pero últimamente el evangelismo se ha convertido, además, en el relato desde el cual mucha gente ve la política e interpreta la realidad… política.
Vamos a ver que ese relato coincide en gran manera con el neoliberalismo, es decir, la versión más salvaje y depredadora del capitalismo. Voy a detenerme a analizar la interpretación del relato bíblico que hacen desde este grupo religioso. Podemos decir que es un relato “Desde Arriba”, porque de la biblia se extraen varios principios que luego se aplican.
Uno de los aprioris es la lectura del relato bíblico como profecía sionista. Mediante una retorcida y discutible lectura de los textos bíblicos llegan a la conclusión de que la segunda venida de Cristo tendrá lugar cuando se haya constituido el segundo templo de Jerusalén. De ahí su apoyo total al estado terrorista y criminal que gobierna Israel. Su visión “desde arriba” y deductivista impide ver el exterminio programado de la población palestina; la continua violación de los derechos humanos; la arbitrariedad, la segregación racial, y el cúmulo de injusticias que supone la existencia de la entidad sionista. Todo se justifica.
Los relatos bíblicos resultan ser una venda ante los ojos, que impide ver las injusticias. Causa desconcierto esta forma sesgada y arbitraria de leer los textos bíblicos, por ejemplo, del Éxodo, en los que Dios se compadece del pueblo sometido a la opresión, o las innumerables citas de los profetas en las que se critica duramente la codicia de las clases pudientes frente a la pobreza del pueblo. Parecen haberlas obviado totalmente.
Otro elemento al que he hecho mención en otros artículos, es la teología de la prosperidad. En ésta, se interpreta la riqueza como una bendición de Dios, en el sentido como la describe el Antiguo Testamento. Y ésta se obtiene dando generosas limosnas al pastor, y asistiendo al culto, donde se practican curaciones y terapias para expulsar los demonios emocionales.
A partir de aquí, la pobreza es entendida como un castigo divino. Así que si eres pobre, es porque eres pecador, y/o no das dinero a tu congregación.
La visión maniquea de la realidad es otra característica de este movimiento. La bondad de los elegidos del Señor se encarna en el partido del aspirante, el cual es bendecido por el propietario de la Iglesia, que lo es también de los medios de comunicación, los cuales apoyan al amado líder. Quienes votan al partido contrario son los hijos del Mal, sin matices ni excepciones.
No hace falta tener mucha imaginación para ver que esto encaja perfectamente con la visión neoliberal, que es ferozmente individualista. La pobreza o la riqueza no es el resultado de estructuras sociales, sino consecuencia del pecado personal. Por lo tanto, no hace falta que el estado invierta para que se garanticen los derechos de los más pobres, y se camine hacia una sociedad igualitaria.
Esta teología para ricos confirma el desorden social existente, y ridiculiza los esfuerzos por organizar un estado del bienestar en el que los derechos no los ejerzan únicamente quienes pueden pagarlos.
La teología de la prosperidad es un engendro ideológico de una religión que actúa como adormidera, como opio del pueblo, pues justifica las tropelías de los poderosos en contra de los humildes.
La verdadera teología es la que se hace “desde abajo”, desde la fe en el Dios “que derriba del trono a los poderosos, y enaltece a los humildes”. (Lc 1, 52)
Lo demás es literatura barata.
