Halloween y el chorizo ibérico
Una de las cosas que me llamaron la atención al regresar a España después de más de veinte años de ausencia, fue el arraigo que había adquirido la fiesta de Halloween en la sociedad española. Yo sabía de ella por los estudios de lengua y cultura inglesa. En aquellos ya lejanos tiempos de estudiante era algo lejano y exótico.

Yo había mantenido el contacto con mi familia, pero mis viajes eran siempre durante el verano, época de vacaciones, tanto en España como en Malí. Así que durante aquel largo paréntesis no había tenido la ocasión de “encontrarme” con aquello.
No sé lo que me chocó más: el despliegue zafio de grotescos personajes relacionados con películas de Hollywood y oscuras tradiciones nórdicas, o el entusiasmo que esta “fiesta” despertaba en la gente, especialmente en niños y jóvenes.
Pues se trataba de la exaltación de la fealdad. Era la fiesta de lo lúgubre, lo tenebroso. Era un coqueteo con lo repulsivo y extravagante.
De lo que no hay duda es que esto tiene mucho que ver con la psicología humana. Se trata del juego de cercanía y evitación de lo negativo; el fenómeno del susto dosificado; del terror controlado a pequeñas dosis, sabiendo que todo es una broma, y puedes controlarlo a tu gusto. Ese control de lo cavernoso y lúgubre; el tomar distancia de aquello que te produce miedo, desazón y asco, y transformarlo en objeto de burla y celebración. Sí. Eso se entiende.
Pero vamos a las causas por las que esto ha llegado a los niveles actuales.
Detrás de todo esto hay una influencia de la cultura audiovisual norteamericana, la cual, a falta de profundidad y de arraigo en el tiempo, se ha prodigado en series de televisión y producciones cinematográficas que han creado una “mentalidad”. Esto ha condicionado un “clima” favorable, y ha creado unos símbolos y lenguaje compartidos por todos. Ha creado una “cultura” importada.
Con el paso del tiempo, esta fiesta de mal gusto ha suplantado costumbres milenarias, que tenían su origen en la lejana Edad Media.
Porque, no lo olvidemos, la fiesta de Halloween era una fiesta religiosa: La fiesta de la víspera de todos los santos. (All Hallows’ Eve). En ella, se recuerda a quienes vivieron su vida de acuerdo con el evangelio. También tiene la significación de recordar a los difuntos, no en el aspecto más macabro, sino celebrando que, en el Cristianismo la muerte es vista desde la perspectiva de la Resurrección. Es en realidad una afirmación de esperanza, pues la Vida es más fuerte que la muerte.
Qué diferencia con este desfile zafio de personajes estrambóticos, que se burlan de la muerte con una sonrisa triste y desangelada, pues al privarle de toda significación religiosa y esperanzadora, sólo queda regodearse en sus aspectos más macabros, en un aquelarre chabacano y descerebrado.
Esto da pie para plantearse el cómo nos han comido el coco los amos planetarios de la producción audiovisual. Cómo han conseguido meternos su comida basura en nuestra envidiable dieta mediterránea y han conseguido que las consumamos como si de exquisito manjar se tratase. Nos han hecho valorar más sus “Burguers” que nuestro delicioso chorizo ibérico. Es forzoso reconocerles una enorme capacidad de influencia
Y, llegados aquí, uno no deja de plantearse lo siguiente: Si han sido capaces de convencernos en eso, ¿qué otras muchas cosas no nos han hecho “tragar” como si fuera la única verdad?. Pues yo lo tengo muy claro: me quedo con la fiesta tradicional de todos los Santos. Es mucho más esperanzadora y creadora de sentido que este caótico cargamento de residuos culturales degradados.
Conmigo no cuenten.
