

Reflexiones con sabor
MASTÍCAMELO
Hace un tiempo hablaba con una profesora de educación infantil, la cual me explicaba el increíble grado de inmadurez con que llegan algunos alumnos de tres años a esa clase…

SOBRE MI
Me llamo Miguel. Nací en 1954 en Santo Ángel (Murcia) , en una familia modesta. A los 10 años conocí a los salesianos en el colegio de Cabezo de Torres, en Murcia. Me fascinó la forma cómo aquellos salesianos nos trataban y nos acompañaban, por eso, quise ser como ellos. Allí decidí ser salesiano sacerdote cuando tenía doce años, y aquí estoy.
Fui dando tumbos por la geografía peninsular: Alicante, Valencia, Córdoba, Cuenca, Alicante otra vez, donde me estrené como maestro. Eran los años de la reforma educativa de Villar Palasí, y yo me entregué con entusiasmo a la enseñanza, intentando aplicar lo que había estudiado referente al aprendizaje significativo; el trabajo en grupos; la experiencia como inspiradora del aprendizaje. Y especialmente, llevado por la inspiración basada en Don Bosco, nuestro fundador.
Después de unos años, llegué a Barcelona, donde aprendí a convivir con la diferencia, y donde pasé cinco años estudiando con enorme pasión la filosofía y la teología, y viviendo con intensidad aquellos años de la transición, que me enseñaron a ver el mundo desde otras perspectivas, al mismo tiempo que trabajaba por las tardes en una escuela de un barrio compuesto mayoritariamente por personas de etnia gitana.
Después de estudiar Magisterio y Ciencias Religiosas, fue ordenado sacerdote me apunté como voluntario para ir a Malí, donde viví cuatro años en Tuba, una aldea en medio de la sabana africana, y donde aprendí a hablar una lengua muy difícil, llamada Bore o Boomu, y a ver el mundo desde abajo. En mis podcasts explico cómo fue aquello.

Cuatro años después, cuando ya me soltaba bien en la lengua local, mis superiores pensaron que todavía tenía mucho que aprender, y me enviaron a Sikasso, la tercera ciudad de Malí en la época. Durante los primeros años estuve trabajando en la parroquia, y me enfrenté al aprendizaje de otra lengua, el bambara, una de las más difundidas en África. Esto me ha sido muy útil en la acogida de malienses que estos últimos años han huído de su país, y han venido a parar a España. En 1992 se me confió el proyecto y la construcción de un centro de formación profesional, al que estuve dedicado tres años, hasta su inauguración en 1995. Aquella fue una aventura que algún día contaré.
Fueron nueve años intensos, entregado al proyecto con todas mis fuerzas tras lo cual, y con la sensación del deber cumplido, volví a España.
Lo vivido allí durante esos años con los jóvenes malienses hace que yo de por bien empleada mi existencia y me sienta muy orgulloso de lo realizado.
Dejé los mejores años de mi vida, y mis mejores esfuerzos en construir un conjunto de edificios, pero, especialmente, de llenarlos con un ambiente educativo inspirado en el ambiente y la tradición salesiana, del que surgieron diferentes promociones de alumnos, que actualmente están trabajando por el futuro de su país, y no necesitarán saltar una valla para venir a Europa.
De vuelta a España, me adapté de nuevo a este país que era el mío, pero al que veía con la perspectiva de lo vivido en Malí.
Durante esos años de regreso, estudié psicología por la UNED, institución que me permitió estudiar a mi ritmo, por lo que acabé obteniendo una licenciatura al cabo de seis años, estudiando fundamentalmente en los veranos.
La psicología me ha ayudado mucho a entender a la gente, y me ha facilitado la labor educativa.
La crisis de 2008 me sorprendió, y me hizo pensar que el mundo está gobernado por una pandilla de canallas que juega con los ciudadanos a su capricho. También saqué la conclusión de que quienes trabajamos como educadores cristianos debemos entender el mundo que nos rodea, para poder cambiarlo. Así que me puse a leer sobre historia de la economía y geopolítica por mi cuenta. La bibliografía que se encuentra en este blog responde a mi deseo de entender la compleja realidad. Ahora ya sé algo más cómo funciona el mundo, y también me doy cuenta de la inmensa caverna de Platón en la que vivimos, y cómo mucha gente bienintencionada, sin quererlo, está defendiendo propuestas que van en contra de sus principios, pero la máquina mediática se encarga de convencerles de ello. Porque la verdad que presenta la máquina mediática, depende de quien paga.
A estas alturas de mi vida, con setenta y dos años, sé que he llegado al tramo final de mi existencia, que puede durar más o menos, pero sé que todavía tengo muchas cosas que contar.
Y, especialmente, sé que las energías que me quedan, las emplearé en compartir lo que ha sido mi vida, y las reflexiones sobre el mundo, la política y la economía que he ido hilvanando a lo largo de los años.
Vivir como cristiano el Evangelio de Jesús, me ha hecho muy feliz. He intentado ser fiel y coherente con los planteamientos del evangelio, y me he sentido muy a gusto en la congregación salesiana, donde siempre he encontrado comprensión y complicidad en mis superiores, que han aceptado como soy, y donde he sido respetado, a pesar de las diferencias de criterio.
Por eso me siento llamado a compartir la razón que me ha hecho vivir feliz y con la pasión de tener delante un mundo a transformar, que los cristianos llamamos Reino de Dios, aunque sin nada que ver con las monarquías al uso.
Esto se me hace urgente en estos tiempos turbulentos en los que vivimos, cuando los discursos de odio se multiplican, y los viejos fascismos resurgen de sus cenizas y difunden sus pestilentes mensajes por toda Europa.
Desde el Evangelio de Jesús y la tradición cristiana me siento llamado a plantar cara a esta bestia surgida de las profundidades del vertedero de la historia. Estimo que es urgente enfrentarse a la jauría aullante que grita contra el inmigrante y el diferente.
Lamento con tristeza que en la Iglesia hay demasiado miedo a enfrentarse a esta ola fétida, y no se afronta con contundencia esta amenaza que se cierne sobre Europa. Soy consciente de que me puedo meter en líos, pero mis problemas nunca serán comparables a quienes viven bajo las bombas en Kiev, o en Gaza, o viven en un cuarto trasero porque su sueldo solo les da para vivir en un trastero.
Por todo esto quiero presentar este blog, fruto de las reflexiones de una vida, y resultado de mi inquietud por compartir lo que he aprendido.
Espero tenerte como compañero de travesía.
¿DE QUÉ VA ESTO?

El latín es una lengua clásica, casi muerta, que se utiliza en pocos lugares del mundo, entre ellos, Finlandia, que tiene alguna emisora que emite en esta lengua. Pero, por su similitud con el castellano, se puede adivinar el sentido del título.
“Cum mica salis” significa en castellano “con un poco de sal”. ¿Y a qué viene la alusión a este condimento tan esencial, y tan perjudicial, según los médicos?¨
La sal puede provocar hipertensión, todo el mundo lo dice, pero también da sabor a las comidas. Pero ¡Ojo! No te pases, que entonces no hay quien se coma el guiso.
En pequeñas dosis provoca grandes efectos.
Pues por eso lo utilizó Jesús en una de sus parábolas más famosas: “Vosotros sois la sal de la tierra”. Está en el evangelio de Mateo, 5, 13.

Porque este blog quiere inspirarse en el Evangelio, lanzando una mirada creyente al mundo, aportando “un poco de sal” al guiso global, que anda con mucho fuego.
Y la perspectiva del Evangelio debe de ser siempre y sin excepciones, la perspectiva de las víctimas, como escribe el Papa León en el número 216 y 217 de su encíclica “Magnifica Humanitas”.
Sí, el blog está escrito por un creyente que quiere aportar un poco de luz al mundo tumultuoso y salvaje que nos rodea, como he dicho antes, desde la perspectiva del evangelio de Jesús, intentando adoptar ese ángulo que da la visión desde “abajo”, que a veces se olvida incluso dentro de la misma Iglesia.

Soy consciente de que me voy a meter en muchos charcos, pero ¿sabes?: no tengo miedo a las críticas que puedan llegar en esta sociedad tan polarizada donde abundan los aullidos de las fieras y las jaurías de violentos.
También se ofrecerán elementos de formación cristiana, como comentarios a la biblia; a la historia del cristianismo, e incluso nos meteremos en temas de bioética que tienen mucha actualidad.
Porque creo que es imprescindible plantar cara, desde la fe cristiana, y desde la perspectiva “desde abajo”.
Pero tiempo habrá para que vayas conociendo un poco más mi forma de pensar a través de los artículos, podcasts y otros elementos que pueden ayudarte a entender mejor el mundo.
Y siempre gracias por acompañarme en esta travesía tormentosa.







