La caverna de Platón

A todo el mundo le suena la “caverna de Platón”. Es uno de los temas más conocidos de cualquiera que haya estudiado algo de filosofía. El mal llamado mito de la caverna intenta explicar la manera como se forma nuestro conocimiento. Los esclavos de la caverna solo ven sombras fugaces pasar delante de ellos, pero como no han conocido otra cosa, confunden las sombras con la realidad. Creen conocer el mundo por medio de esas sombras.
Ese es un tema clásico en la filosofía. Cuando impartía esta asignatura en Bachillerato, siempre proponía a mis alumnos este ejercicio:
“Buscad los grupos mediáticos en España”. Ellos buscaban en grupos lo que les pedía.
Enseguida empezaban a dar respuestas: “Mediaset”; “Atresmedia”; “Vocento”, “Prisa”, etc…
Vale. Habéis encontrado la respuesta.
Segunda parte del ejercicio: “Buscad ahora quién es dueño de esos grupos”.
La cosa era más larga.
Al cabo de un tiempo había alguien que preguntaba: “¿Qué es Blackrock?.
Luego venía el momento de explicar lo que es un fondo de inversión.
Resultaba que el famoso Blackrock estaba en todas las salsas, y casi todos los grupos financieros estaban en todos los consejos de administración.
Muy bien.
Ahora, preguntémonos: ¿Por qué están tan interesados estos dueños del dinero en invertir en los medios? ¿Tan rentable es vender periódicos?
Y, así, de pregunta en pregunta llegábamos al final.
Resulta que a los grupos financieros les interesa modelar la opinión pública.
Si un fondo de inversión invierte en comprar miles de viviendas en España, ¿Cómo dará la información si el gobierno pretende regular los alquileres, o impulsar una ley de vivienda que impida la especulación inmobiliaria?
Con los estudiantes de bachillerato era fácil explicar que la información crea opinión, y que la gente que no tiene ideas propias, acaba repitiendo lo que oye, sin tener en cuenta si eso es cierto o falso.
Si a eso añadimos las redes sociales, el negocio es redondo.
No es simple casualidad que Elon Musk haya comprado el antiguo Twitter, y que los grandes faraones tecnológicos intenten controlar redes sociales, y medios de comunicación. Porque quien los controla, controla también la opinión de las masas, y éstas votarán lo que les manden, creyendo que actúan por iniciativa propia.
El drama actual es que existe una saturación de información que hace difícil distinguir lo verdadero de lo falso, y que si los medios de comunicación se ponen de acuerdo cuando una propuesta política no interesa a sus amos, acabarán convenciendo a la gente de ponerse en contra de quienes osaron desafiar lo establecido.
El caso es que el ciudadano cree estar bien informado, cuando solo ha repetido lo que ha oído centenares de veces, y acaba tomándolo como una opinión personal.
Y ¿qué se puede hacer?
Un principio básico es desconfiar. Confrontar noticias.
Aunque esto es insuficiente, puesto que la inmensa mayoría de los medios pertenecen a conglomerados mediáticos poderosos.
A veces hay conflictos de intereses. Por ejemplo, en el consejo de Administración del grupo Prisa, está Joseph Marie Oughourlian , que, a su vez, forma parte del consejo de Administración de Indra, la principal empresa española fabricante de armamento.
No es casualidad que el País haya realizado desde hace meses una campaña para justificar el aumento del presupuesto militar. A través de una serie de artículos que pretenden basarse en el sentido común, el País, está intentando convencer a sus lectores de la bondad de armarse hasta los dientes, para que Rusia no nos invada.
Otro criterio es buscar medios que no dependan de ningún grupo financiero. Los hay. Son, en general, pequeños, y no disponen de grandes recursos para producir noticias, pero tienen artículos de opinión en los que se ofrece un contrapunto a las noticias del día, y permite situarse frente a la realidad social. Son casi sin excepción, virtuales. No hay casi ningún medio independiente impreso.
Que sean independientes no quiere decir que sean neutrales. Nadie es neutral totalmente. Hay medios con un marcado sesgo ideológico, y lo dicen sin ocultarse. Pero sabes que lo que dicen es cierto. Luego, puedes adoptar tus propias conclusiones.
En España tenemos un grupo mediático que pertenece a la Iglesia, la Cope, y lamentablemente, en vez de seguir una línea editorial independiente, basada en las propias opciones éticas de la Doctrina Social, tiene una opción política muy marcada. Es triste constatar esta oportunidad perdida de ofrecer información crítica, independiente y veraz. Las catequesis políticas de Carlos Herrera son un modelo de lo que no habría que hacer.
Y es una pena.
Estar bien informado es hoy día una tarea de cribado, y una exigencia de rigor y objetividad. Es un desafío que implica tiempo, lectura y reflexión personal.
Es el precio a pagar por no seguir al rebaño, y tomar el camino que uno cree que responde a sus convicciones personales.
Es el precio que hay que pagar por ser libres.
Ya lo dijo Jesús: “La verdad os hará libres”.
