Amor político

Es frecuente escuchar a gente creyente, que “la política no les interesa”, o que todo está podrido en la política. Otra perla frecuentemente citada es “que todos los partidos son iguales”, y a renglón seguido, se declaran apolíticos.
Nadie es apolítico. No. Eso es una ficción. Puede que no intervengas en la política, puede que no leas las noticias, y es comprensible, por la sobre información que existe en nuestros días, pero estamos sumergidos en una sociedad y todo lo que pensamos, lo que decimos, lo que hacemos o dejamos de hacer tiene una repercusión.
La acción política era definida por Pío XI, como «la forma más alta de caridad» (Pío XI, Discurso a la Federación Universitaria Católica Italiana, 18 diciembre 1927). Esta cita la mencionó el Papa León recientemente. El Papa Francisco la explicó en la Fratelli Tutti, documento dedicado precisamente a la traducción política de la Fe.
Como dice el Papa Francisco, si ayudo a una anciana a pasar un arroyo, hago una buena acción, pero si colaboro a la construcción de un puente, no solo he ayudado a una persona, sino a toda una comunidad.
De ahí que sea tan importante la acción política, pues la política gestiona lo común, y los cristianos estamos metidos en una sociedad, de la que somos corresponsables en la parte que nos toca.
Pero en este tema hay una confusión, ya que la gente confunde la política con los partidos políticos. Se entiende el hartazgo de algunos frente a los casos de corrupción, pero no por eso es legítimo que el creyente se inhiba.
En primer lugar, hay que conocer la realidad. Y para eso es necesario ser críticos. Y eso supone oír varias campanadas.
No dar credibilidad a una sola fuente, y superar el sesgo de confirmación de aceptar como válido todo lo que nos viene, simplemente porque concuerda con nuestras ideas.
Ser críticos supone conocer el contenido de la doctrina social de la Iglesia. Es sorprendente la ignorancia al respecto de muchos católicos. Como decía el arzobispo de los Ángeles hace unos años, “la Doctrina Social es el secreto mejor guardado de la Iglesia.” Pocos la conocen, y quienes la conocen no parece que tengan mucho interés en ponerlo en práctica.
Porque si se tomara en serio, no se adoptarían posiciones políticas tan contrarias.
Algunos ejemplos:
- La iglesia siempre ha defendido la doctrina del Destino Común de los bienes. Nadie tiene derecho a acaparar cuando otra persona padece extrema necesidad. Esto está presente en toda la Biblia, y en los escritores cristianos de los primeros siglos.
- Unido a esto, tenemos la afirmación de que la propiedad privada no es un derecho absoluto. Esto no es comunismo. Santo Tomás, en el siglo XIII lo formulaba así: “In necessitate extrema omnia sunt communia”, (en caso de extrema necesidad, todos los bienes son comunes”. No está sacado del manifiesto comunista, sino de la Summa Theologica.
- Un tercer elemento es la necesidad de que el estado intervenga en la economía, para evitar el abuso por parte de los poderosos hacia los más vulnerables. Esto es una constante en TODAS las encíclicas papales.
Por eso sorprende tanto ver a muchos cristianos apoyar a programas políticos que defienden la libertad del mercado, cuando eso no es más que la tiranía de unos pocos, pues se basa en la ley del más fuerte. Basta ver lo que ocurre en España con el precio de la vivienda.
Algunos cristianos se dejan engañar por aquellos que se declaran cristianos, y están en contra del aborto, lo cual está en línea con la moral cristiana, cierto. Pero no tienen empacho en promover políticas que crean más pobreza, defienden el estado sionista y justifican el genocidio y exterminio de la población palestina. Promueven políticas que aumentan la desigualdad, hacen profesión de fe en un negacionismo climático, y peor aún: generan sufrimiento por las guerras instigadas por intereses económicos, y pretenden defender la civilización occidental sembrando odio, violencia y desprecio hacia los inmigrantes.
El trato que se da a las personas más débiles es lo que realmente define a una sociedad. Esto ha sido una idea recurrente en toda la Doctrina Social de la Iglesia.
El Papa Francisco lo dejó muy claro en sus encíclicas.
El Papa León, en su visita a España, fue contundente en su defensa de los inmigrantes, como expresión de una fe coherente.
¿Es que esto no es vinculante para aquellos que se consideran católicos?
¿Acaso piensan que la fe no tiene una traducción política?
Recuerdo una cita que es un clásico en la tradición cristiana: “La fe sin obras es una fe muerta”. (St 2, 17)
